Ruta De la Literatura

I La literatura en Calamocha

(Selecci贸n y textos Ant贸n Castro.)

La literatura est谩 en todas partes. En la Grecia cl谩sica, en la Roma de Marcial, Ovidio, Horacio o Virgilio, en el Renacimiento, en el Barroco de Cervantes y Shakespeare, en el Romanticismo de Goethe, B茅cquer y Rosal铆a de Castro, en la memoria del mundo que se esparce a lo largo de los siglos y a orillas del r铆o Jiloca. La literatura es el arte de contar de viva voz y por escrito, es una invitaci贸n a leer hasta perder la noci贸n de las horas y del espacio, es una puerta abierta a la sensibilidad, a la emoci贸n y al horizonte de las ideas. La literatura es viaje, conocimiento, aventura y meditaci贸n, y se hace con palabras y con criaturas que aman, sienten, se estremecen, odian, sufren o sencillamente desean contar qu茅 les sucede, qu茅 pasa a su alrededor, c贸mo es la intensidad de la tormenta y de una puesta de sol que asoma tras los cerros. La literatura es una exploraci贸n de la condici贸n humana
Todos queremos que nos cuenten historias, que nos seduzcan con el lenguaje, anhelamos vivir en el misterio y el suspense de las novelas. A Stevenson, el autor de 鈥楲a isla del tesoro鈥, los ind铆genas lo llamaban Tusitala, el que cuenta historias. A Isak Dinesen, los empleados de su cafetal le ped铆an que 芦les hablase como la lluvia.禄 Scherezade, la hero铆na de 鈥楲as mil y una noches鈥, aplaz贸 su muerte porque el rey acab贸 por entender que no pod铆a vivir sin sus f谩bulas ni sin ella.

Anta帽o, la gente se congregaba en torno al fuego del hogar para narrar y o铆r historias. Por algo dijo Voltaire: 芦La literatura es la pintura de la voz.禄 Apariciones, quimeras, relatos de amor, vidas sencillas: todo emerg铆a como un conjuro que suspend铆a el tiempo. La literatura envuelve al mundo con la otra realidad y nos invita a vivir otras existencias. Y aqu铆, en Calamocha, se ha creado este espacio en plena naturaleza para leer historias, para convivir con los autores, para so帽ar con los libros y sus p谩ginas, para identificarse con las criaturas, que, de alg煤n modo, tambi茅n son como nosotros.

Desde los or铆genes, y el paso del Cid y la batalla de Cutanda, hasta anteayer mismo, con Benjam铆n Jarn茅s, Fernando Aramburu, Luis Alegre, Enrique Villagrasa, Use Lahoz, Margarita Barb谩chano o Jon Lauko, entre muchos otros, Calamocha se ha convertido en materia de ficci贸n. Calamocha es una libre regi贸n de cuerpos y almas donde la literatura se ha hecho presencia, latido de belleza, ox铆geno de la imaginaci贸n.

II Marcial

Querido paseante: Bienvenido a este recorrido literario. Aqu铆 empieza un paseo que te acercar谩 a momentos y autores emblem谩ticos de la literatura. 驴Nos acompa帽as? Pero antes, deja que nos remontemos al tiempo en el que los romanos ocuparon nuestro territorio, Hispania la llamaron ellos, tiempo en el que su lengua, el lat铆n, unific贸 el mundo, tiempo en el que Horacio convirti贸 en poes铆a la cotidianidad. 脡l nos dijo: 芦Carpe diem, quam minimum credula poster禄 (芦Aprovecha el momento, no conf铆es en el ma帽ana禄).

Marco Valerio Marcial (B铆lbilis, actual Calatayud, 40-104 d. de C.) fue un poeta latino que parti贸 a Roma a terminar sus estudios jur铆dicos con la protecci贸n de S茅neca, pero la ca铆da en desgracia de este y su posterior suicidio, forzado, en el a帽o 65 le dejaron desamparado. Tuvo que sobrevivir de forma bohemia. Vivi贸 35 a帽os en Italia a merced de diversos mecenas. Alcanz贸 prestigio, conoci贸 a los grandes autores de su tiempo, pero cay贸 en el olvido. En el a帽o 98 regres贸 a B铆lbilis y a la vida rural. Una admiradora le regal贸 una hacienda. Dej贸 quince libros de versos y destac贸 en los epigramas, donde reluce muy especialmente su ingenio sat铆rico, su inclinaci贸n al aforismo y su conocimiento de los defectos y vicios de sus contempor谩neos. Seleccionamos dos de ellos, publicados por la Instituci贸n Fernando el Cat贸lico, en traducci贸n de Jos茅 Guill茅n y revisi贸n de Fidel Argudo.

A buen se帽or, buen esclavo

Aquella mano otrora confidente de mis trabajos, fecunda para su due帽o y conocida de los C茅sares, el joven Demetrio, falleci贸 en la primavera de su vida: hab铆a cumplido tres lustros y cuatro veranos. No obstante, para que no bajara a las lagunas Estigias siendo esclavo, cuando el pernicioso mal abrasaba a su presa, tuve la precauci贸n de resignar en el enfermo todos mis derechos de se帽or. Merec铆a haberse puesto bueno con mi regalo. Expirando, se dio cuenta de su premio y me llam贸 鈥減atr贸n鈥, a punto de emprender, como libre, el viaje hacia las aguas infernales.

M谩s lascivos son los mimos

Te anunci茅 y te avis茅, casta lectora, que no leyeras la parte lasciva de mi libro y, sin embargo, hete aqu铆 que la est谩s leyendo. Pero, casta lectora, si vas a ver a Pan铆culo y Latino, mis versos no son m谩s imp煤dicos que los mimos: lee.



III Cantar de mio Cid

Si la l铆rica se nutre de lo imaginario o sentido por el alma creadora y es su expresi贸n emocional, la 茅pica busca narrar acontecimientos de haza帽as y aventuras de desdichas y proezas heroicas acerca de personajes que, a veces, se antojan casi sobrehumanos. Y aunque las jarchas anticipan en m谩s de un siglo los comienzos de la literatura espa帽ola, es la 茅pica la m谩s antigua manifestaci贸n de la poes铆a castellana. La 煤nica gesta conservada casi 铆ntegra es el 鈥楥antar de mio Cid鈥, de mediados del XII, an贸nimo, del que se conserva una 煤nica copia (1307) de un tal Per Abbat. El h茅roe, Rodrigo D铆az (Vivar, Burgos, 1043-1099) necesita recuperar la honra perdida. El rey Alfonso VI de Castilla lo destierra por mentiras de Garc铆a Ord贸帽ez. El Cid llora al salir de Vivar como se lee en estos versos del 鈥楥antar I鈥, cuando deja el Valle del Jal贸n y entra en las tierras del Jiloca.

Cantar de mio Cid

Cuando dej贸 Alcocer mio Cid el de Vivar,
los moros y las moras comenzaron a llorar.
Alz贸 su ense帽a, el Campeador se va,
avanz贸 Jal贸n abajo, espole贸 hacia adelante;
a la salida del Jal贸n tuvo unas muy buenas aves.
Alegr贸 a los de Terrer y a los de Calatayud m谩s,
les pes贸 a los de Alcocer, pues su provecho era grande.
Espole贸 mio Cid, se iba todo adelante,
all铆 se fij贸 en un poyo que est谩 junto a Monreal;
alto es el poyo, maravilloso y grande,
no teme un asalto, sabed, por ninguna parte.
Puso tributo a Daroca antes,
luego a Molina, que est谩 por la otra parte,
la tercera a Teruel, que est谩 m谩s adelante;
en su poder ten铆a a Cella la del Canal.

IV Miguel de Cervantes

Miguel de Cervantes Saavedra (Alcal谩 de Henares, 1547 – Madrid, 1616) es, m谩s que un escritor, toda una literatura. Practic贸 todos los g茅neros. Y firm贸 uno de los mejores libros de todos los tiempos: 鈥楨l ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha鈥, la historia de un hombre que se vuelve loco tras haber le铆do muchas novelas de caballer铆as. En esa novela en dos partes, caudalosa, llena de historias secundarias y de personajes, conviven la realidad y la ficci贸n, y se interfieren de manera natural y a la vez asombrosa en un formidable mosaico de Espa帽a. Dijo Borges: 芦Una de las razones por las que Cervantes me atrae es que no s贸lo pienso en 茅l como escritor, uno de los m谩s grandes novelistas, sino tambi茅n como hombre.禄 Aqu铆 reproducimos un fragmento del cap铆tulo XXIX, del segundo tomo, que sucede en el r铆o Ebro.

Don Quijote. II parte. Cap铆tulo XXIX

De la famosa aventura del barco encantado

Por sus pasos contados y por contar, dos d铆as despu茅s que salieron de la alameda llegaron don Quijote y Sancho al r铆o Ebro, y el verle fue de gran gusto a don Quijote, porque contempl贸 y mir贸 en 茅l la amenidad de sus riberas, la claridad de sus aguas, el sosiego de su curso y la abundancia de sus l铆quidos cristales, cuya alegre vista renov贸 en su memoria mil amorosos pensamientos. Especialmente fue y vino en lo que hab铆a visto en la cueva de Montesinos, que, puesto que el mono de maese Pedro le hab铆a dicho que parte de aquellas cosas eran verdad y parte mentira, 茅l se aten铆a m谩s a las verdaderas que a las mentirosas, bien al rev茅s de Sancho, que todas las ten铆a por la mesma mentira.

Yendo, pues, desta manera, se le ofreci贸 a la vista un peque帽o barco sin remos ni otras jarcias algunas, que estaba atado en la orilla a un tronco de un 谩rbol que en la ribera estaba. Mir贸 don Quijote a todas partes, y no vio persona alguna; y luego sin m谩s ni m谩s se ape贸 de Rocinante y mand贸 a Sancho que lo mesmo hiciese del rucio y que a entrambas bestias las atase muy bien juntas al tronco de un 谩lamo o sauce que all铆 estaba. Pregunt贸le Sancho la causa de aquel s煤bito apeamiento y de aquel ligamiento. Respondi贸 don Quijote:

-Has de saber, Sancho, que este barco que aqu铆 est谩, derechamente y sin poder ser otra cosa en contrario, me est谩 llamando y convidando a que entre en 茅l y vaya en 茅l a dar socorro a alg煤n caballero o a otra necesitada y principal persona que debe de estar puesta en alguna grande cuita鈥

V Baltasar Graci谩n

Baltasar Graci谩n y Morales (Belmonte de Graci谩n, 1601 – Zaragoza, 1658), fraile jesuita, es uno de los autores m谩s complejos y fascinantes del Siglo de Oro. Es un maestro del g茅nero breve, y especialmente del aforismo, que fue dejando en sus obras: 鈥楢rte de ingenio, tratado de la agudeza鈥, 鈥極r谩culo manual y arte de prudencia鈥, 鈥楢gudeza y arte de ingenio鈥, etc. Firm贸 un libro monumental como 鈥楨l Critic贸n鈥, su personal alegor铆a de la existencia. Fue admirado por Schopenhauer, Nietzsche y Martin Heidegger, e inspir贸 a Umberto Eco. Posee un estilo brillante y preciso; domina la alegor铆a, el juego de palabras y la hondura de pensamiento, de orden conceptual. Es una de las grandes figuras de la literatura espa帽ola de todos los tiempos y sus m谩ximas demuestran su talento, su intuici贸n y su sabidur铆a.

Aforismos

芦Cuando los ojos ven lo que nunca vieron, el coraz贸n siente lo que nunca sinti贸.禄

芦Triste cosa es no tener amigos. Pero m谩s triste es no tener enemigos. Porque quien enemigos no tiene, se帽al de que no tiene talento a quien haga sombra, ni car谩cter que abulte, ni valor que le teman, ni bien que le codicien, ni honor que le murmuren, ni raz贸n alguna que le envidien.禄

芦Amar es el m谩s poderoso hechizo para ser amado.禄

芦El mentiroso tiene dos males: ni cree ni es cre铆do.禄

芦La verdadera libertad consiste en poder hacer lo que se debe hacer.禄

芦Bien est谩 dos veces encerrada la lengua y dos veces abiertos los o铆dos, porque el o铆r ha de ser el doble que el hablar.禄

芦Lo bueno, si breve, dos veces bueno; y aun lo malo, si poco, no tan malo.禄

芦No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto.禄

芦Discurri贸 bien quien dijo que el mejor libro del mundo es el mundo mismo.禄

芦No hay peor descr茅dito que aborrecer a los mejores.禄

VI Francisco de Quevedo

Francisco de Quevedo (Madrid, 1580-1645) es uno de los grandes poetas de todos los tiempos. Domina el castellano como nadie, y el lenguaje po茅tico de manera excepcional. Ten铆a tal virtuosismo que pod铆a imitar a Luis de G贸ngora, que era su rival m谩s enconado. Tambi茅n fue un gran narrador que mezclaba la picaresca, los sue帽os y la glosa hist贸rica. Aunque pudiera ser famoso por sus poemas sat铆ricos y burlescos, por sus composiciones morales, religiosas y filos贸ficas, destaca su mirada amorosa: honda, emocionante, refinada. Y este soneto, este himno al tiempo, al sue帽o y al erotismo, es la mejor prueba de ello.

Soneto de amor. Himno al sue帽o

隆Ay, Floralba! So帽茅 que te鈥 驴Direlo?

S铆, pues que sue帽o fue: que te gozaba.

驴Y qui茅n, sino un amante que so帽aba,

juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,

cual suele opuestas flechas de su aljaba,

mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,

como mi adoraci贸n en su desvelo.

Y dije: 芦Quiera Amor, quiera mi suerte,

que nunca duerma yo, si estoy despierto,

y que si duermo, que jam谩s despierte.禄

Mas despert茅 del dulce desconcierto;

y vi que estuve vivo con la muerte,

y vi que con la vida estaba muerto.

VII Rosal铆a de Castro

Rosal铆a de Castro (Santiago de Compostela, 1837-Padr贸n, 1885) es poeta y novelista. Con Gustavo Adolfo B茅cquer, es una de las voces m谩s relevantes del Romanticismo espa帽ol y precursora de la poes铆a moderna en Espa帽a. Es autora de tres grandes poemarios: 鈥楥antares gallegos鈥 (1863), 鈥楩ollas novas鈥 (1880) y 鈥楨n las orillas del Sar鈥 (1884), al que pertenece este poema. Posee una voz incomparable que va de lo 铆ntimo a lo coral, de tono metaf铆sico en ocasiones, que denuncia los males de su tiempo y que aborda el universo de la mujer, la saudade, la emigraci贸n. Canta como nadie las excelencias del paisaje.

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los p谩jaros

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los p谩jaros,

ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,

lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso

de m铆 murmuran y exclaman:

Ah铆 va la loca so帽ando

con la eterna primavera de la vida y de los campos,

y ya bien pronto, bien pronto, tendr谩 los cabellos canos,

y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

-Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,

mas yo prosigo so帽ando, pobre, incurable son谩mbula,

con la eterna primavera de mi vida que se apaga

y la perenne frescura de los campos y las almas,

aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmur茅is de mis sue帽os,

sin ellos, 驴c贸mo admiraros ni c贸mo vivir sin ellos?



VIII Emilia Pardo Baz谩n

Emilia Pardo Baz谩n (La Coru帽a, 1851-Madrid, 1921) es probablemente la gran novelista espa帽ola del siglo XIX a trav茅s de libros como 鈥楲os pazos de Ulloa鈥, 鈥楲a madre Naturaleza鈥 e 鈥業nsolaci贸n鈥, entre otros t铆tulos. Maestra del naturalismo, formidable cuentista y especialista en libros de gastronom铆a, vivi贸 una intensa y secreta historia de amor con Benito P茅rez Gald贸s, al que le mand贸 apasionadas cartas, impregnadas de sinceridad, confidencias y deseo, de las que ofrecemos unos fragmentos no exentos de humor que public贸 el sello Turner. Ya lo dijo Fernando Pessoa: 芦Todas las cartas de amor son rid铆culas.禄

Fragmentos de cartas a Benito P茅rez Gald贸s

芦Miqui帽o, mi bien: me est谩n volviendo tarumba tus cartitas. Creo que jam谩s escribiste con tanta sencillez, con una gracia m谩s bonita y m谩s tierna. No s茅 las veces que he le铆do esta 煤ltima ep铆stola, ni el bien que me hizo, ni cu谩nto se me humedecieron los ojos… Un beso del fondo del alma.禄

芦P谩nfilo de mi coraz贸n: rabio tambi茅n por echarte encima la vista y los brazos y el cuerpote todo. Te aplastar茅. Despu茅s hablaremos dulcemente de literatura y de la Academia y de tonter铆as. 隆Pero antes morder茅 tu carrillito!禄

芦Triste, muy triste… como dir铆a un orador de la mayor铆a, me qued茅 al separarme de ti, amado compa帽ero, dulce vidi帽a. Soy de tal condici贸n que me adhiero y me incrusto en el alma de los que me manifiestan cari帽o, y el trato va apretando de tal manera los nuditos del querer, que cuando menos lo pienso me encuentro con que estoy atada y no me puedo soltar.禄

芦Hay en m铆 una vida tal afectiva y f铆sica, que puedo sin mentir decir que soy tuya toda: toda, me has reconquistado de muchas maneras y m谩s que nada porque nunca me hab铆as perdido; porque te quise ayer y te querr茅 ma帽ana.禄

IX Benjam铆n Jarn茅s

Benjam铆n Jarn茅s Mill谩n (Codo, Zaragoza, 1888-Madrid, 1949) fue narrador, ensayista, bi贸grafo, cr铆tico literario y traductor. Por edad pertenecer铆a a la generaci贸n de los novecentistas, pero, escritor algo tard铆o, su obra se inscribe en la prosa de vanguardia 鈥揷on Francisco Ayala, Max Aub y Ram贸n J. Sender-, y pertenece a los prosistas de la generaci贸n del 27. Le interesaban m谩s las atm贸sferas que los argumentos, la psicolog铆a y el pensamiento de sus personajes que la acci贸n, fue un estilista de trasfondo po茅tico. Debut贸 con la novela 鈥楳os茅n Pedro鈥 (1924), de la que se extrae un fragmento, y fue muy amigo del pintor e ilustrador Rafael Barradas, que vivi贸 en Luco de Jiloca, de donde era su mujer.

Carta a Rafael Barradas

Cuando me hund铆 en aquellas sierras, me sent铆 abrazado por un fecundo silencio… Ya veo el pueblecito… Las ventanas est谩n cerradas 鈥損upilas ciegas de un pueblo en reposo鈥. Abajo en los zarzales y en los chopos que bordean la rambla, labra tambi茅n la nieve sus encajes primorosos.

Revista 鈥楢lfar鈥. La Coru帽a, 1923

Mos茅n Pedro

Luco de Jiloca: Pu帽ados de viejas casitas arremolinadas en una vertiente, asomada a una carretera. Ramblizos ara帽ados por la lluvia. Un r铆o hura帽o entre hileras de chopos

medrosos, entre huertas verdes y campos bermejos. Un flaco puentecillo. Una iglesia arrebujada en su manto de silencio. Luco de Jiloca: Una estaci贸n de juguete, donde nadie se apea. Un caminito guijarroso entre los huertos.

X Carmen Mart铆n Gaite

Carmen Mart铆n Gaite (Salamanca, 1925-Madrid, 2000) es una de las escritoras espa帽olas m谩s completas del siglo XX. Escribi贸 poes铆a, cuento y novela, biograf铆a, ensayo hist贸rico, literario y sociol贸gico. Logr贸 el Premio Pr铆ncipe de Asturias en 1988, que comparti贸 con su amigo Jos茅 脕ngel Valente, y el Premio Nacional de las Letras, 1994. En los 煤ltimos a帽os de su vida, se convirti贸 en una autora de 茅xito, con muchos lectores: ah铆 est谩n novelas como 鈥楲o raro es vivir鈥, 鈥楴ubosidad variable鈥, 鈥楲a Reina de las Nieves鈥 o 鈥楥aperucita en Manhattan鈥. Escribi贸 diarios toda su vida, y aqu铆 recogemos algunos fragmentos de su maravilloso libro 鈥楥uadernos de todo鈥 (Debate, 2002).

Cuadernos de todo

25 de agosto de 1973

De ni帽a me dieron de regalo un cuaderno verde (terciopelo). Haz un diario. Lo ten铆a todo en la cabeza y lo decid铆a continuamente pero no me atrev铆a. Era demasiado bonito. Esto coincid铆a con el verano. Los lapsos del verano. Lo que ha sido 茅ste para mi: recobrar la memoria, sanearla.

20 de diciembre de 1977

Todos vivimos de los sue帽os: la diferencia est谩 en que unos vivimos de los propios y otros de los ajenos.

Estoy en el bingo de Bellas Artes. Conozco la soledad, el gusto por mi independencia, sensaciones de acorde antiguas, de ser capaz de andar sola por la calle y gozar, de tomarme una copa sola. Bendito seas, Hermann Hesse. Siguiendo a Hesse debo acentuar las frases enigm谩ticas y sentenciosas de Alejandro. No debo buscar a nadie. No debo esperar a nada ni a nadie. Lo que buenamente coincida con los dem谩s, con nosotros, bien est谩. Serenidad. Imperturbabilidad.

[De un papelito suelto]

Escribo desde el m谩s all谩. Imagina que te levantas y te dan un d铆a para contar cosas: para decir qu茅 has sido, qu茅 recuerdas (todo junto y aprisa porque no hay tiempo) desde tu vida regalada por Dios en ese d铆a, muebles e historias, paisajes y tu paso por ellos, tus encuentros (驴Cu谩ndo conoc铆 a Fulano?), todo desde esa amplitud que te da ser ya testigo quemado irrepetible. 隆Te he resucitado para que cuentes!

No s茅 d贸nde estar茅 enterrada, pero estar茅 en un sitio desde el que no pueda hablar, y los que vienen a llorarme no pueden hablar por m铆. Hablo ahora pensando que si hay algo seguro es que eso va a pasarme.

XI Margarita Barb谩chano

Margarita Barb谩chano (Zaragoza, 1954) es escritora y periodista. Estudi贸 Periodismo, Psicolog铆a, Publicidad y Filosof铆a. A lo largo de su carrera ha trabajado en peri贸dicos como 鈥楬eraldo de Arag贸n鈥 o 鈥楨l Peri贸dico de Arag贸n鈥, donde sigue siendo columnista. Es autora de libros como 鈥楲a piscina azul鈥 (Mira, 2009), 鈥楳ujeres en la edad invisible鈥 (Mira, 2011), 鈥楨l Gran Hotel del Salto鈥 (Ediciones B,2015), que retoma en la novela fragmentaria 鈥楲as imperfectas鈥 (Los libros del gato negro, 2020). 鈥楲a dama rosa鈥 (Huerga & Fierro, 1998) se inspira en un hecho real que sucedi贸 en Calamocha y que afect贸 a la localidad y al propio Parlamento de Arag贸n.

La dama rosa

Esa noche Remedios estaba decidida; como de costumbre, puso la cena fr铆a a su marido en la mesa del comedor junto con una nota introducida en un sobre blanco un tanto sucio. Hab铆a estado cortando el jam贸n de la tierra sin lavarse posteriormente las manos. Los detalles ya le daban igual. Eran veinte a帽os de matrimonio y de aburrimiento callado y resignado. Solo faltaba una hora para que D谩maso cerrase el bar y llegara a casa para reunirse con su mujer. Lo ten铆a todo preparado: la maleta bajo la cama, el abrigo en el perchero de la entrada, el bolso con la cartilla de la Caja de Ahorros a su nombre, y poco m谩s. Mientras trajinaba nerviosa de aqu铆 para all谩, los pensamientos se agolpaban en su mente a una velocidad imparable, produci茅ndole un terrible dolor de cabeza. El matrimonio no ten铆a hijos, as铆 que Remedios, que siempre se hab铆a lamentado de esta circunstancia, ahora pensaba que gracias a su soledad hab铆a sido capaz de reunir el valor suficiente para dar este paso.

El coraz贸n cada vez le lat铆a m谩s deprisa. Con el abrigo ya puesto, el bolso en el brazo y la maleta presta a sus pies, marc贸 un tel茅fono de B谩guena y dijo lac贸nicamente: 芦Ya salgo para all铆.禄 Y colg贸. Antes de cerrar por 煤ltima vez la puerta de la que hasta ese mismo d铆a hab铆a sido su casa dej贸 otro sobre cerrado en la repisa del recibidor. Dentro hab铆a 200.000 pesetas. Fuera casi helaba, como suced铆a todos los inviernos en Calamocha.



XII Enrique Villagrasa

Enrique Villagrasa (Burb谩guena, Teruel, 1957) es poeta, periodista y cr铆tico literario. Reside en Tarragona desde hace muchos a帽os. Es autor de una larga veintena de poemarios, caracterizados por la fidelidad a las ra铆ces, la memoria, la poes铆a misma, el amor, el lugar del silencio y el paisaje. Siempre ha reconocido c贸mo le marc贸 Rosal铆a de Castro: despert贸 su vena l铆rica. Su obra ha sido traducida a varias lenguas. Es un cr铆tico literario muy activo: colabora en varias publicaciones donde coordina diversas secciones, y viaja constantemente para hablar de l铆rica. El r铆o Jiloca es un motivo recurrente en su obra; entre distintos poemas, elegimos este texto in茅dito del autor.

隆Solo t煤, Jiloca m铆o!

Contigo s铆 soy due帽o de mis ruinas.

Pues, corre tu agua por la p谩gina,

y las redes no han robado el espacio blanco.

El tiempo estalla, busca el colmillo del tigre

donde el verso festeja la poes铆a felina.

Tengo nostalgia de mi ayer. Hoy, Jiloca m铆o.

La poes铆a es espectro que cabalga sin freno.

As铆 el poema: precisa clepsidra, en tu ribazo.

Hoy el verso mendiga por los caminos de la v铆a.

Y todo temor y temblor en tus aguas alegres

frente a la delicada p谩gina no escrita.

Y s铆, t煤 me salvas, Jiloca l铆quido.

Regresar es mi destino: dejar atr谩s estas playas.

Volver a tu horizonte. El murmullo del r铆o espera.

Recuerdas la noche en tus pozas de juventud

gloriosa. El alba se hace esperar en el Jiloca.

XIII Fernando Aramburu

Fernando Aramburu (San Sebasti谩n, 1959) es narrador, poeta y ensayista. Alterna el cuento con la novela, desde sus inicios con 鈥楩uegos con lim贸n鈥. Ampliamente reconocido y galardonado, en 2016 public贸 鈥楶atria鈥 (Tusquets), una compleja y completa radiograf铆a del Pa铆s Vasco, y las dolorosas relaciones entre familias, azotadas por ETA, con algunos ecos autobiogr谩ficos. El libro, su novela m谩s extensa y m谩s ambiciosa, logr贸 numerosos premios: Premio Nacional de Narrativa, Premio Nacional de la Cr铆tica, Premio Lampedusa y Premio Strega. Fernando Aramburu, que estudi贸 en la Universidad de Zaragoza, dedica un cap铆tulo a Calamocha.

Patria. Una noche en Calamocha

El siguiente, al cabo de varios minutos, par贸. Que si estaban heridos. Negaron, temblorosos de fr铆o. El conductor dijo que iba a Calamocha, ah铆 cerca, su pueblo, y que si quer铆an los pod铆a llevar. Los llev贸. Se present贸 como Pascual. Cincuenta y tantos a帽os, una barriga as铆 de grande, bastante charlat谩n: antes de la tercera curva ya les hab铆a revelado su arritmia card铆aca y su diabetes.

-驴Esto todav铆a es la provincia de Teruel?

-S铆, se帽ora.

-Pues a casa hoy no llegamos.

-Dif铆cil. El 煤ltimo autob煤s para Zaragoza ya ha pasado.

Miren cont贸 detalles de ad贸nde iban y con qui茅nes viajaban y lo que les hab铆a ocurrido.

-驴Han estado ustedes de vacaciones?

-Pues s铆, en Benidorm.

El hombre le hab铆a visto a Joxian las manchas de sangre. Imposible no verlas. Y volvi贸 a preguntar si no est谩 usted herido. Joxian le explic贸 que la sangre no era suya. El tal Pascual, marcado acento aragon茅s, a la vista de las primeras casas de Calamocha, propuso:

-驴Por qu茅 no vienen ustedes a mi casa? Tengo a los hijos en Zaragoza, al mayor trabajando en un banco y a dos estudiando en la universidad, y a la chica en Par铆s, casada con un m煤sico franc茅s que es un tipo excelente. Educado, tranquilo. Eso s铆, no habla ni jota de espa帽ol, pero nos entendemos bien. Pues ver谩n, en mi casa les aseguro que hay sitio para un ej茅rcito. Podr铆an descansar, usted lavarse la sangre y ma帽ana tranquilamente los llevo yo por la ma帽ana a la estaci贸n de tren de Zaragoza, adonde de todos modos tengo que ir. Soy viudo y ya les digo que vivo en una casa grande y vac铆a.

Les prepar贸 una cena suculenta, les ofreci贸 una habitaci贸n con vigas de madera en el techo y una cama de s谩banas fr铆as y pesadas, y a primera hora de la ma帽ana, despu茅s del desayuno, sol铆cito y jovial los llev贸 en coche a Zaragoza. Miren y Joxian le quisieron pagar. Que no y que no. Insist铆an torpes, t铆midos. Pascual les replic贸, agarr谩ndose la barriga con las dos manos, que la famosa tozudez de los aragoneses no es nada en comparaci贸n con la suya.

XIV Luis Alegre

Luis Alegre (Lechago, Teruel, 1962) pas贸 su ni帽ez en su pueblo, pero luego se traslad贸 a Calamocha, y all铆 cultiv贸 aficiones que le han marcado: el cine, la literatura y el Real Zaragoza. Ha publicado libros autobiogr谩ficos, donde mezcla el perfil, la evocaci贸n y su propia memoria, como 鈥楤esos robados鈥 y 鈥楥erca de casa鈥, pero tambi茅n es autor de monograf铆as sobre Maribel Verd煤, Vicente Aranda, Luis Garc铆a Berlanga, y de 鈥楧i谩logos en Salamina鈥. Codirigi贸, con David Trueba, 鈥楲a silla de Fernando鈥. Coordina, desde 1996, el ciclo de cine 鈥楲a Buena Estrella鈥 en la Universidad de Zaragoza, donde se doctor贸 con una tesis sobre el p煤blico espa帽ol de cine. Asiduo colaborador de diversos medios de prensa, radio y televisi贸n, public贸 este texto evocador en 鈥楬eraldo鈥 en 2010.

La chica del embeleso. Art铆culo

Boris Izaguirre emplea una expresi贸n muy afortunada, embeleso, para definir ese tipo de embobamiento que te entra por alguien que no llega a la categor铆a de enamoramiento. Yo sufr铆 varios embelesos en Calamocha: a los ocho a帽os por Pili; a los catorce a帽os por Luci; a los dieciocho por Ana. Hubo m谩s pero esos fueron los m谩s preocupantes. Los embelesos me duraban una barbaridad, cuatro o cinco a帽os f谩cilmente. No importaba que las chicas no me hicieran ni caso. No importaba que se fueran con los m谩s guapos. No importaba que dos de ellas eligieran el mismo guapo. Daba igual, el embeleso segu铆a ah铆, muy tozudo.

La chica del embeleso era la reina de mis veranos. Todo en mi cabeza ard铆a alrededor de ella. Pero nunca me decid铆a a entrarle, a declararme. Yo, a menudo, me hac铆a el encontradizo en las calles y los bares. Muchas veces estaba a punto de decirle algo pero, en el 煤ltimo momento, me ven铆a abajo. Siempre pensaba que el d铆a siguiente s铆 que me atrever铆a. Pero no hab铆a manera. Mi mayor esperanza era que llegaran las fiestas y que, en ese ambiente, todo fuera m谩s sencillo. Las fiestas significaban chupinazo, charangas, verbenas, pe帽as, vino, cerveza, jaleo, confusi贸n, bullicio, bailes r谩pidos y, sobre todo, bailes lentos.

Los bailes lentos eran lo m谩s. A m铆 me atontaron para siempre pero merecieron la pena.

La infancia es horrible y es graciosa. Pero cuando la recordamos, hasta lo horrible parece un poco gracioso.

XV Irene Vallejo

Irene Vallejo (Zaragoza, 1979) creci贸 oyendo historias de Homero, en la voz de sus padres. 鈥楲a Odisea鈥 le cambi贸 la ni帽ez y le descubri贸 el mundo cl谩sico de h茅roes, mitos y navegaciones. Se doctor贸 con un trabajo sobre Marcial y es autora de varias publicaciones como las novelas 鈥楲a luz sepultada鈥 y 鈥楨l silbido del arquero鈥. En 2019 public贸 鈥楨l infinito en un junco. La invenci贸n de los libros en el mundo antiguo鈥 (Siruela), que es una historia completa y fascinante sobre la vida de los libros, no solo en el mundo cl谩sico sino tambi茅n ahora, adornado con referencias culturales y autobiogr谩ficas que son aut茅ntica materia novelesca y narrativa. El libro deslumbr贸 a muchos lectores del mundo por su carga de erudici贸n, poes铆a y aventura del conocimiento, y por la calidad de su escritura. Ha logrado un sinf铆n de premios y el libro fue contratado para ser traducido a 32 lenguas.

El infinito en un junco

Mi madre me le铆a todas las noches, sentada en la orilla de mi cama. Ella era la rapsoda; yo, su p煤blico fascinado. El lugar, la hora, los gestos y los silencios eran siempre los mismos, nuestra 铆ntima liturgia. Mientras sus ojos buscaban el lugar donde hab铆a abandonado la lectura y luego retroced铆an unas frases atr谩s para recuperar el hilo de la historia, la suave brisa del cielo se llevaba todas las preocupaciones del d铆a y los miedos intuidos de la noche. Aquel tiempo de lectura me parec铆a un para铆so peque帽o y provisional -despu茅s he aprendido que todos los para铆sos son as铆, humildes y transitorios-.

Su voz. Yo escuchaba su voz y los sonidos del cuento que ella me ayudaba a o铆r con la imaginaci贸n: el chapoteo del agua contra el casco de un barco, el crujido suave de la nieve, el choque de dos espadas, el silbido de una flecha, pasos misteriosos, aullidos de lobo, cuchicheos detr谩s de una puerta. Nos sent铆amos muy unidas, mi madre y yo, juntas en dos lugares a la vez, m谩s juntas que nunca pero escindidas en dos dimensiones paralelas鈥

Lectores, paseantes, so帽adores. Aqu铆 se termina este viaje por la literatura. Hay mucho que leer, mucho que sentir: grandes libros, ficciones, cuentos, descripciones, poemas, aforismos, cartas, diarios, art铆culos, fogonazos de la imaginaci贸n, palabras con sentido que ojal谩 nos lleven a otros autores, a m谩s libros, a las bibliotecas, a la hermosura infinita del lenguaje y, por supuesto, a nuevas emociones. Ojal谩 lo hay谩is pasado bien. El viaje solo acaba de empezar: dicen que leyendo, leyendo, leyendo, se avanza en la direcci贸n del para铆so.

脕lamo cano / 脕lamo (Populus x canescens)

脕rbol de hasta 30 m. Se considera un h铆brido entre el 谩lamo blanco (Populus alba) y el tembl贸n (P. tremula). Hojas cubiertas cuando j贸venes por una vellosidad gris en el env茅s que acaban perdiendo. Una ligera brisa las mueve f谩cilmente. En oto帽o, las hojas viran del verde al rojo p煤rpura. Crece en los bosques h煤medos de riberas de r铆os y ramblas en zonas de monta帽a. Propio de Europa central y occidental. Introducido en la Pen铆nsula Ib茅rica. Se usaba para vigas en arquitectura popular.

Para un nuevo tratado de armon铆as

Antonio Colinas

El joven y brioso 谩lamo nos demuestra que no se puede buscar la luz sin que las ra铆ces sean lo suficientemente profundas.

脕lamo negro / Chopo (Populus nigra)

脕rbol de hasta 30 m. Corteza gris con grietas negruzcas. Caducifolio. Hojas verdes por ambas caras. Yemas viscosas. Flores agrupadas en amentos que brotan antes que la hoja. Fruto con semillas envueltas en una pelusa blanca. Crece en suelos h煤medos y ambientes luminosos. Propio del este de Europa y el oeste de Asia. Introducido y naturalizado desde muy antiguo en el resto de Europa. Hibridado con el chopo negro americano para obtener clones de producci贸n maderera. En la cordillera Ib茅rica se ha gestionado como 谩rbol trasmocho (chopo cabecero).

La estaci贸n total

Juan Ram贸n Jim茅nez

Contra el cielo inexpresable,

el 谩lamo, ya amarillo,

instala la alta belleza

de su 茅xtasis vespertino.

La luz se recoge en 茅l

como en el nido tranquilo

de su eternidad. Y el 谩lamo

termina bien en s铆 mismo.

Nogal / Noguera (Juglans regia)

脕rbol que alcanza los 25 m. El tronco, que puede llegar a tener 2 m de di谩metro, se ramifica pronto dando una colecci贸n de gruesas ramas. Cuando joven la corteza es lisa y gris, agriet谩ndose con el tiempo. Hojas grandes, caducas, arom谩ticas y divididas. La flor masculina es un amento. El fruto tiene una envuelta carnosa que protege a la nuez, de semilla comestible y muy nutritiva. Crece en bosques frescos y fondos de valle con suelo profundo. Oriundo de Asia occidental. Extendido para su cultivo desde hace milenios en Europa donde se ha naturalizado.

En las pampas americanas

Pedro Mari Ota帽o

El caser铆o de aquella amada tierra del Pa铆s Vasco en que nac铆 tiene un nogal de gran sombra frente a la puerta; si me alejaba de 茅l era para ir al casta帽al de la pendiente o a seleccionar las mejores manzanas de la huerta.

Olmo (Ulmus minor)

脕rbol de hasta 30 m. Corteza parda y resquebrajada a lo largo del tronco. Ramillas aladas y algo acorchadas. Hoja caduca, muy desigual por la base y con pelos en el haz. Flor precoz y poco vistosa. Fruto alado y aplastado, con una semilla h铆brida. En bosques h煤medos y en riberas. En toda Europa, norte de 脕frica y Asia occidental. Extendido desde tiempos remotos y, especialmente por los romanos por las cualidades de su madera. Muy afectado por la grafiosis siendo m谩s com煤n como mata que como 谩rbol.

A un olmo seco. Campos de Castilla

Antonio Machado

Al olmo viejo, hendido por el rayo

y en su mitad podrido,

con las lluvias de abril y el sol de mayo

algunas hojas verdes le han salido.

Rosal silvestre / Zarza calambrujera (Rosa canina)

Arbustillo de hasta 5 m. Con los tallos arqueados, espinas fuertes y curvadas que le ayudan a trepar sobre s铆 mismo y sobre 谩rboles pr贸ximos. Es de hoja caduca, estando estas divididas en 5-7 foliolos. Produce racimos de flores blancas o rosadas, de gran tama帽o y no arom谩ticas. El fruto es elipsoidal, de color rojo y sin vellosidad. Crece en las orillas o en los claros de los bosques, pero tambi茅n sobre pastizales en recuperaci贸n. Es com煤n en toda Europa.

La luna y la rosa

Miguel de Unamuno

Entre las zarzas, su nido,

era otra luna la rosa,

toda cabellos cuajados

en la cuna, su corola;

Sarga negra / Sargatillo (Salix atrocinerea)

Es un arbusto que puede hacerse un arbolillo de hasta 9 m. Con ramas derechas, alargadas y nudosas. Las hojas tienen la nerviaci贸n muy marcada en el env茅s que es algo m谩s blanquecino. Las flores se agrupan en amentos y nacen antes que las hojas. Las semillas son diminutas y tienen un penacho de pelos sedosos. Crece en riberas pues necesita humedad permanente en el suelo y ambientes umbr铆os. Soporta muy bien las avenidas. Propio de Europa y del oeste de Asia.

Piel de oto帽o. Paisajes de la sierra de G煤dar. Teruel

Pedro P茅rez Esteban / Antonio Losantos

En la proa de sus cinglos el paisaje no tiene otro horizonte que el cielo encapotado, y en sus hondas quebradas el viento mece la maleza: las sargas y los escaramujos, con sus frutos de un rojo rebelde azotados por el vendaval, que parece que vayan a echarse a volar en todas direcciones.

Sauce blanco / Sabimbre (Salix alba)

脕rbol o arbusto de hasta 25 m. Tronco con corteza gris, muy fisurada. Follaje grisplateado. La hoja es caduca y muestra pelos sedosos en ambas caras. Pies unisexuales. Flores poco vistosas y agrupadas en amentos. Semillas con pelos sedosos. Necesita suelos muy h煤medos, as铆 crece en las riberas y en tierras bajas. De crecimiento muy r谩pido. Propio de Europa, Asia occidental y norte de 脕frica. Utilizado en cester铆a y para producir estacas y combustible de sus ramas. Muy com煤n como 谩rbol trasmocho, especialmente en el paisaje de Flandes.

Othello. Acto IV escena III

William Shakespeare

La doncella sentada junto al 谩rbol

canta al verde sauce.

Su mano en sus hojas, su mirada en la tierra.

– Canta sauce, verde sauce –

corr铆an arroyos que murmuraban su dolor.

Sa煤co / Sauquera (Sambucus nigra)

Arbusto o arbolillo de hoja caduca que alcanza 10 m. Con ramas arqueadas, m茅dula blanca y corteza con alargadas grietas y muy acorchada. Hojas divididas en 5-7 foliolos que emiten un olor desagradable. Flores de color crema y arom谩ticas, que se agrupan en corimbos. Los frutos son globosos, carnosos y de color negro-viol谩ceo. Crece en suelos h煤medos ricos en nitr贸geno, como en las riberas y los huertos. Es propio de toda Europa y del oeste de Asia.

El hada del sa煤co

Hans Christian Andersen

脡rase una vez un chiquillo que se hab铆a resfriado. Cuando estaba fuera de casa se hab铆a mojado los pies, nadie sab铆a c贸mo, pues el tiempo era completamente seco. Su madre lo desnud贸 y acost贸, y, cogiendo la tetera, se dispuso a prepararle una taza de t茅 de sa煤co.

Fresno / Frasno (Fraxinus angustifolia)

脕rbol de hoja caduca que alcanza los 25 m de altura. Tiene la corteza gris y rugosa. Las hojas est谩n divididas en 7-13 foliolos y se disponen opuestas entre s铆. Las flores, que no tienen ni s茅palos ni p茅talos, surgen en mayo. Los frutos tienen una 煤nica semilla unida a una pieza alada y se forman en verano. Convive con los olmos, los chopos y los sauces en los bosques de ribera. Es propio de la regi贸n Mediterr谩nea. Las ramas son un importante alimento de ovejas y vacas una vez cortadas al final del verano. Gestionado como 谩rbol trasmocho crea paisajes caracter铆sticos en el Sistema Central.

Las dos torres. Trilog铆a de 鈥楨l Se帽or de los Anillos鈥

J.R.R. Tolkien

隆Oh hermoso fresno, sobre tu cabellera qu茅 hermosas son las flores! 隆Oh fresno m铆o, te vi brillar en un d铆a de verano! Tu brillante corteza, tus leves hojas, tu voz tan fresca y dulce…

Espino albar / Gazpotera (Crataegus monogyna)

Arbusto o arbolillo de hasta 5 m. Caducifolio. Muy ramoso y muy espinoso. Las hojas son algo consistentes y casi no tienen pelos. Las flores son blancas y muy arom谩ticas, se agrupan y forman ramillos de gran belleza. El fruto es una manzanita globosa, de piel roja y de carne harinosa, pero comestible. Crece formando espinares en los claros, en las orillas de los bosques y en los setos entre campos. Es propio de casi toda Europa y del oeste de Asia. Cuando florece ya no hay riesgo de heladas por lo que es una referencia para los hortelanos.

En busca del tiempo perdido

Marcel Proust

En el caminito susurraba el aroma de los espinos blancos. El olor se difund铆a tan untuosamente, tan delimitado en su forma, como si me encontrara delante del altar de la Virgen…

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